
El mundo del cine parece atrapar la atención de grandes y chicos, pero ¿dónde se esconde la magia del séptimo arte cuándo se alteran los esquemas?
Algunos se preguntarán cómo clasificar al cine en nuestra época, sin duda un interrogante difícil de responder dado a que tener la mirada en algo que continúa evolucionando es meramente inconcluso. De todas formas se puede evaluar en rasgos generales.
Un siglo ya ha pasado de la primera proyección en el teatro Odeón de Buenos Aires (demolido en la década del 90), pero recién ahora vemos los cambios, tanto en la tecnología como en el contexto social. Por ejemplo, la aparición del cine sonoro marcó un antes y un después, lo mismo ocurrió con el cine post-dictadura, es decir, cautivaron la mirada de un nuevo público. Es que el cine no ha dejado de evolucionar, hoy conocemos una amplia variedad de géneros y con ellos diversos espectadores.
Con el avance de la empresa cinematográfica se construyeron nuevos cines, mientras que aquellos que fueron furor en su época se vieron obligados a cerrar o dividir sus salas para ofrecer una cartelera más amplia. Sin embargo, todas quedaron en el pasado.
Ahora, no hay que viajar para ir a un cine, prácticamente encontramos más de dos complejos por barrio. Además, disfrutamos del confort que ofrecen: las butacas, el audio y las pantallas grandes, a diferencia de las primitivos cines. Aunque, cuando optamos por ir a estos antros cinematográficos algo de nostalgia hay, ¿será por aquella magia perdida?
La odisea de ir al cine
Algunos datos a tener cuenta:
-La entrada a un cine es un presupuesto al que debemos anticiparnos. Si se desea estar acompañado por una sala repleta de gente, como suele pasar un fin de semana, se deberá abonar una suma mayor a la estipulada para un miércoles: “día comodín” a mitad de precio. También se podrá acceder con descuentos que nos ofrecen las empresas de servicio y telefonía, o presentando credenciales de otros rubros. Sin embargo, estos beneficios tienen sus restricciones: válida para tal fecha, película y horario.
-Es recomendable tener en cuenta al menos dos críticas sobre la función a ver, de modo que evitemos la mala cara ante una función mediocre. Sin embargo, es algo ambiguo porque a veces simpatizamos con las películas de tal director, la presencia de alguna estrella de la pantalla grande o la temática abordada, dejando a un lado la opinión de terceros. Después de todo, la opinión es subjetiva.
-Estar preparados ante la presencia de espectadores exasperantes.
- espectador comentarista: no deja de acotar tonterías durante el cambio de escenas.
- espectador crítico: cree saber más que el director y se siente en la gloria.
- espectador comensal: se la pasa comiendo a dos manos. Hace ruidos bastante incómodos al masticar, al desenvolver un caramelo o al succionar con un sorbete el fondo del vaso.
- espectador inquieto: no para de moverse un minuto. Estira las piernas y brazos, mira en su celular la hora iluminando a los de su alrededor y para ir al baño tapa al resto del público, mientras que pisa algunos en el camino.
- espectador expresivo: ante una escena emotiva deja saber que tierna o sufrida resulta la misma.
Algunos se identificarán con este ritual y optarán por alquilar la película, a semanas/meses del estreno, en su “videoclub-amigo” o comprarán/bajarán de Internet los films para disfrutar de la comodidad de su hogar, en la que incluirán una seguidilla de interrupciones para ir al baño sin perder el hilo de la trama. Eso sí, el colmo sería que vieran un screener de la misma, es decir, que padezcan algunas de las situaciones exasperantes previamente enumeradas. De todas formas, no dejen de ir al cine porque si la magia todavía existe, quién mejor que usted para encontrarla.
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